Los contratos sirven para plasmar una situación, transacción o relación entre personas, de tal forma que ellas dejen por escrito a lo que se comprometen o qué es lo que esperan de la otra parte. Ya sabes lo que dicen: “papelito habla”.

¿Qué puede salir mal descargando un contrato pre-elaborado de Internet? Una analogía que sirve para ejemplificar lo que significa hacer ésto, es lo que pasa cuando una persona se siente mal. La persona suele buscar sus síntomas en la red y, después de navegar unos minutos, deduce que está sumamente enferma de algún padecimiento extraño y, gracias a los artículos en Internet, también puede recetarse. Todo ésto sin gastar y sin salir de casa.

La cultura del mínimo esfuerzo muchas veces nos convence de no tomar decisiones acertadas, como lo es ponerse en manos de una persona experta. Cuando hablamos de negocios no podemos pensar: “echando a perder se aprende”. Existen miles de razones – en especial cuando se trata de dinero – por las que bajar un contrato de Internet puede afectar drásticamente el rumbo de tu negocio.

Es claro que hay miles de personas en el mundo comprando, arrendando, suministrando y, en general, haciendo negocios; también es cierto que en nuestra época vivimos en la “sociedad de la información” donde las tecnologías se han vuelto la base de nuestras relaciones y que todas las personas están ansiosas por compartir, interactuar e identificarse con otras que se encuentran en lugares muy lejanos. No obstante, cuando se trata de un documento que se basa en leyes, costumbres y situaciones específicas, es muy difícil –por no decir imposible – encontrar un formato de Internet que se ajuste a lo que tú necesitas.

Bajar un contrato que no está hecho a tu medida ni fue elaborado por un experto, es algo sumamente peligroso, sobre todo porque con ese documento estarías creando un riesgo en lugar de evitarlo. Al final, “sale más caro el caldo que las albóndigas”.

Si un contrato debe plasmar tu situación en concreto, ¿no crees que resulta ilógico bajar uno de Internet esperando que sea lo suficientemente ajustado a tu realidad? La verdad de las cosas es que nunca tendrás certeza de su origen o de si su aplicación es idónea o no a tu caso.

Es innegable que cuando se comienza un negocio, todas las personas emprendedoras buscan ahorrar lo más que se pueda; y sí, descargar un formato de Internet resulta más barato que contratar a una persona que ejerza la abogacía Es cierto que “a caballo regalado no se le ve colmillo”,pero tienes que preguntarte: ¿cómo tendré la seguridad de que ese formato es conveniente para mi operación?, ¿tengo que cambiarle cosas o agregarle cláusulas? ,¿cómo sé qué cláusulas cambiar y cómo las redacto? ¿La ley permite lo que quiero hacer?

Por todas esas dudas y más, “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”. Un profesional puede evitarte riesgos y crear cláusulas especiales para tu caso, pensando a futuro en lo que tú quieres y fomentando una buena relación con la otra parte. La abogada o abogado te ayudará a que no dejes cabos sueltos que después puedan usarse en tu contra o que puedan perjudicar a tu negocio.

 

Cuando se trata de emprender, hay que apostar todo, por ver que tu negocio sea todo un éxito. Por eso, debes ser muy inteligente en todas las decisiones que tomas. Tú eres el que dirige el rumbo de tu empresa. Al final, “al buen emprendedor, pocas palabras”.